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La pandemia colapsó todas las expectativas planteadas por las instituciones en el mundo. La Conferencia Interamericana de Seguridad Social no fue la excepción y ciertas actividades regulares, tales como la publicación de esta Gaceta, experimentaron interrupciones que deben ser subsanadas.

A cambio, todos hemos aprendido cosas nuevas que son todavía difíciles de procesar, pero que dejarán lecciones de un aliento mucho más largo del que alcanzamos todavía a prefigurar.

Aprendimos sobre expansión hospitalaria, sobre mejoramiento rápido de sistemas de información y los límites de los modelos estadísticos como espejo de las sociedades, sobre las determinantes estructurales de la salud pública, desde los ambientes y las economías obesogénicos hasta la informalidad laboral en sistemas sin seguridad social universal; aprendimos sobre los tiempos necesarios para la producción de una vacuna, sobre la economía política de la deuda como mecanismo para social ante emergencias vista más allá de la provisión de servicios médicos; aprendimos sobre educación a distancia y sus barreras sociales; aprendimos sobre los trabajos esenciales y su infravaloración en el mercado; sobre la soledad y los nuevos avatares del duelo y la administración de la muerte. Se puso de manifiesto una serie de tendencias estructurales que muchos estados han dejado pasar de largo por largo tiempo.

Las soluciones a las problemáticas dichas no han aparecido, sin embargo, como un sentido común obvio por más que la investigación arroje caminos razonables y probados en diversas circunstancias.

Cualquiera diría que, ante la crisis, ha llegado el tiempo de pensar en resolver problemas estructurales que arrastramos en la región por muchos años; cualquiera diría que ha llegado el tiempo de hablar seriamente de la seguridad social universal y las reformas fiscales que la harían posible, de la imprescindible primacía que deben tener los enfoques preventivos en la salud pública, de las necesidades de cambio impostergables de nuestros sistemas de pensiones, de la profundización de las transferencias monetarias directas tendentes a un ingreso mínimo vital, de la necesaria valorización del trabajo de cuidados y de la urgencia del cierre de las brechas de género, de la tercerización laboral y los trabajos de plataformas digitales que en el momento actual son, en casi todos los países, vías directas a la precarización laboral, y de la importancia de que el mundo del trabajo vuelva a estar cruzado más por seguridades que por flexibilidades.

Pero las soluciones son menos obvias para algunos y, aunque nadie cuestione la pertinencia de estos objetivos para el mediano plazo, sí hay quienes, con el objetivo de la reactivación económica en la mano, pugnarán por dar facilidades a inversiones de cualquier tipo y habrá quien conceda que esto es lo que hace falta, aun si ello implica en algunos casos dejar a la gente en el desamparo.

A los organismos internacionales y centros académicos corresponde la tarea de lograr allegar, con el cuidado político de cada caso, evidencia para la toma de decisiones, investigación sobre la experiencia histórica y el estado actual de las capacidades estatales en diversos países.

En estos tiempos la CISS ya ha estudiado los problemas mencionados arriba y publicado dos docenas de textos sobre la pandemia y su tratamiento en diversos estados. Confiamos en que alguno de esos textos alcance, alguna vez, la mente de algún artesano de política pública en cualquiera de nuestros países miembro y se constituya en un insumo para caminar hacia sociedades con mayor bienestar.

El logro principal del primer semestre ha sido, sin lugar a dudas, la publicación del primer número de la revista Bienestar (nuestra publicación de estudios a profundidad, de corte académico), dedicado en esta ocasión a las farmacéuticas y su funcionamiento en el mundo actual, que condiciona a no pocos estados de los países con mayores pendientes en su desarrollo. En lo que resta del año, publicaremos el Informe de Seguridad Social y Bienestar en las Américas, la mayor tarea que hemos emprendido durante estos dos años y que arrojará luces para no convertir a las soluciones coyunturales de la crisis económica presente en crisis sociales del futuro y problemas estructurales alargados a perpetuidad.