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Gibrán Ramírez Reyes | Secretario General

En 1942, cuando este organismo surgía, el interamericanismo se abría paso en contraste con el panamericanismo. La diferencia es que el interamericanismo pugnaba por una cooperación sin imperialismo, un espíritu que los tiempos nos obligan a recobrar.

El medio para hacerlo era la seguridad social, que entendemos en este organismo como un derecho humano que tiene como objetivo contribuir al bienestar personal y social y que comprende un conjunto de transferencias y servicios de carácter solidario y público, cuya responsabilidad fundamental recae en el Estado, y que buscan proteger a los individuos y las colectividades ante riesgos sociales, que reducen la vulnerabilidad social y promueven la recuperación ante las consecuencias de un riesgo social materializado, dignificando las distintas etapas de la vida y promoviendo la inclusión y el reconocimiento de la diversidad social.

La CISS no logró los ambiciosos objetivos planteados en un principio. Primero, porque prefirió seguir la estela de la OIT, más consolidada.

En segundo lugar porque no tuvo una teoría propia, lo que advirtió el gobierno de López Mateos que le creó un centro de estu- dios y pensamiento. Sólo que lo creó cuando ya habían pasado diez años de la presentación de la teoría cepalina del desarrollo, que fue muy importante para México y su proyecto nacional, y en México, el país sede del centro, El Colegio de México ocupaba, ocupa todavía, ese lugar intelectual.

El lustre político de la Conferencia vino entonces menos de las actividades sustantivas y más de su función como difusora de la cooperación del IMSS y como espacio para la diplomacia social mexicana. Pero poco a poco, la CISS se convirtió en espacio alterno, caja menor del director del IMSS. En sus peores momentos, de diplomacia no social sino farmacéutica, promotora del modelo de afores, nicho de negocios, y de fuente de privilegios.

Por eso era necesario volver al espíritu original, al mandato de buscar la felicidad de los pueblos de la segunda reunión del Comité Permanente, de la Declaración de México de 1945. El momento es propicio y el llamado histórico a este organismo es la generación de una teoría del bienestar pensable para nuestros pueblos y la formación de cuadros capaces de formular políticas tendentes a ello.

Como ustedes saben, no es fácil reformar una institución tan vieja. Hay que asumir grillas de proveedores, trabajadores intelectuales, antecesores. Hemos construido un organismo internacional raro. Plebeyo. Sin outsourcing. Con un salario mínimo CISS de 6500 pesos. Un organismo millenial, trabajador.A continuación, encontrarán algunos de los ambiciosos cam- bios que hemos emprendido para poner los cimientos y hacer de la Conferencia, nueva- mente, el espacio de reflexión por excelencia de seguridad social y bienestar en el continente. Agradezco a todo mi equipo de trabajo, y por supuesto a la membresía que nos ha acompañado activamente en este primer año de labores.

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