Editorial

en Editorial por

Gibrán Ramírez Reyes

Cada vez hay más información, se produce todo el tiempo y por diferentes medios, pero es más difícil establecer cuál es significativa y para qué. La curación y presentación de dicha información debe cambiar según el objetivo de gestión pública elegido. No es la misma ni debe ser presentada del mismo modo, la que requiere un alto directivo que un gestor de campo o un planificador intermedio. La cantidad de indicadores, su especificidad, su diseño, la forma en que se presentan, es una parte fundamental para establecer cambios en las rutinas y dinámicas institucionales. Y ese es acaso uno de los principales factores de desigualdad entre instituciones y, por lo tanto, uno de los mayores retos. Es importante, para esto, que sea la política de bienestar la que oriente la curaduría de la información según los objetivosprincipales que se hayan formado.

Esto es muy importante. La innovación tecnológica forma parte de un vocabulario heredado por capitalismo del siglo XX que, trasladado a una aplicación reduccionista en las organizaciones públicas se ha centrado en la construcción de conocimiento en temas de salud orientada al mercado, por lo que su uso ha sido insuficiente para enfrentar los complejos retos que la seguridad social requiere hoy en día.

Se produce información a veces sin objetivo ni  coordinación, en un usar la tecnología por usarla. No quiero que se me entienda mal. Nadie duda que la inclusión del big data y la inteligencia artificial pueden ser herramientas poderosas para el diseño e implementación de políticas de salud, tanto de programas preventivo como para diagnósticos, tratamientos y rehabilitación. Las nuevas tecnologías ofrecen una gama de posibilidad para trasformar las prácticas de burocratización institucional al reducir tiempos de espera, facilitar información clínica y acercamiento e intervención a las comunidades alejadas o con acceso restringido a la salud, sí, siempre que estén supeditadas a planear para el bienestar y no concibiendo alciudadano como consumidor de un proceso final, sino como centro y actor de la política pública.

Con información clara, se diseñan los cursos de acción, se ajustan, se ensayan. Pero la información sirve únicamente si hay una deliberación constante con el exterior de la organización con los actores, instituciones y ciudadanos fundamentales para el cumplimiento de su labor. Desde la CISS hacemos nuestra parte, generando la plataforma de información que hemos realizado con la ayuda de la Cepal. Puede consultarse en el siguiente vínculo http://plataforma.ciss.net/